Nuestros sentimientos negativos nos pueden llevar a
tomar malas decisiones arruinando nuestra vida familiar, personal y
espiritual
La casa en conflicto. Roboam heredo los problemas
de su padre, los cuales implicaban conflictos grandes e importantes que
necesitaban ser resueltos con determinación y guía de Dios. Roboam
cometió el error de no consultar a Dios ante los conflictos que se le
venían. El cristiano muchas veces busca solucionar sus problemas por si
mismo, sin consultar a Dios, a quien tiene en último lugar y como último
recurso, un hogar cristiano entra en conflicto cuando los integrantes
del mismo caen en el sutil error de hacer a Dios a un lado, una iglesia
se divide cuando Jesucristo deja de ser el eje sobre el que giran sus
integrantes. Roboam fue y consulto con sus conocidos, de los cuales
obtuvo dos consejos:
El buen consejo. Los ancianos conocían mejor el
reino que él, muy posiblemente ellos habían aprendido de los errores de
Salomón y estaban dispuestos a apoyar al nuevo rey a restablecer el
reino, pero a Roboam no le pareció bien este consejo porque su orgullo y
terquedad le indicaban lo contrario. ¿Cuántas veces su orgullo y
terquedad han causado que preste oídos sordos a los buenos consejos de
sus familiares, amigos y autoridades?
El mal consejo. Los amigos de Roboam eran personas
acostumbradas a obtener lo que querían, eran príncipes e hijos de
nobles, no entendían el problema de la gente y probablemente ni les
interesaba, solo le dijeron a Roboam lo que él quería oír y por supuesto lo que les convenía para ganarse el favor del nuevo rey.
La mala decisión. Por supuesto, Roboam tomó una
mala decisión, basada en sus deseos y sentimientos. Empujado por el
orgullo no se dio cuenta hasta que fue tarde, que su error le costo más
de la mitad del reino y fue el inicio del decaimiento moral, espiritual, económico y militar de su país.
Cuando tomamos decisiones basadas sólo en nuestros deseos y
sentimientos generalmente cometemos errores muy graves que a veces son
difíciles de reparar, como cristianos, muchas veces ello nos lleva a
manchar de forma casi permanente nuestro testimonio frente a los demás, dividiendo a nuestra familia, nuestros bienes (1 Reyes 14: 25, 26), separando a las iglesias, deteriorando nuestra persona y más importante, nuestra relación con Dios (1 Reyes 14:22).
¿Qué es lo correcto? Poner nuestras emociones y
sentimientos en las manos de Dios, eso significa una entrega voluntaria y
de labios de aquellas partes de nuestra personalidad que sabemos que
están mal, segundo hacer de lado el orgullo y estar dispuestos a
escuchar consejos y ser amonestados cuando fallemos y tercero pensar en
las consecuencias que nuestros actos pueden traer negativamente hacia
nuestros testimonio, nuestra vida, nuestra familia y nuestra relación
con Dios.
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