Dios nos llama (Mateo 4:19): El llamado de Dios es claro y directo.
- “Venid en pos de mí”, el verbo venid indica la acción inmediata de acercarse, Dios no dice “ven cuando quieras o puedas”, la palabra venid es un llamado efectivo a la acción.
- “Os haré” implica que es Dios y no nosotros quien obrará ese cambio en nuestras vidas, cuando lo intentamos por nosotros mismos, solo le estamos estorbando.
- “Pescadores de hombres” ¿Por qué muerde el anzuelo un pez? simplemente porque se siente atraído por la carnada, sobre todo cuando está es fresca y brillante. El señor nos entrego su palabra hermosa, con grandes promesas y bendiciones, pero muchos cristianos, no le hablan de esas promesas a la gente, en lugar de eso, se dedican solo a condenar y criticar, ¿entiende ahora porqué el “pez” no muerde el anzuelo?. El señor hace está diferencia, no nos llamó a atrapar u obligar a las gentes, él primero nos atrajo suavemente, y ahora nos capacita por su Espirítu Santo a atraer (pescar) a los demás hombres.
- “Asi alumbre vuestra luz delante de los hombres”. Toda vez que nos ha llamado y trasformado, nos declara “luz del mundo“. Eso quiere decir que nos ha encomendado la tarea de alumbrar a otros. De mostrarles el camino hacia Dios, nuestra luz, es decir nuestro testimonio no hablado (lo que hacemos a diario, lo que ven nuestros amigos y vecino) es parte importante de esa luz que alumbra delante de los hombres.
- “Para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen al padre”. El hijo de Dios renacido que trasmite la luz (en acciones y palabras) es ejecutor de esas buenas obras que glorifican al Padre. Es importante destacar, no hacemos buenas obras para ser mejores o para que la gente nos vea como más “santos”, Jesús dice claramente que nuestras buenas acciones son causa de glorificación a Dios de parte de la gente no creyente. No intente robarle la gloria a Dios, analice ahora si lo que está usted haciendo hoy, es solo para levantar su ego o para alabar a Dios, si es el primer caso, es el momento de arrepentirse.
Preparados para testificar (1 Pedro 3:15)
- “Santificad a Dios el Señor en vuestros corazones”. El testimonio es una excelente forma de glorificar al padre celestial como ya hemos visto. Es su confesión pública de fe. Al decir, “glorificad a Dios”, claramente se excluye cualquier atribución que el ser humano pueda hacerse, cuando Nabucodonosor paseaba por su jardín, miraba maravillado todo lo que tenía y dijo “¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?”. Dios le había dado todo a este hombre, incluso le había advertido del peligro de alabarse a si mismo. ¿Cuantos hijos de Dios no le dan la gloria debida y se levantan con orgullo buscando que los demás los reconozcan? El testimonio hecho con orgullo y con el afán de que la gente vea lo “buenos” que somos no sirve ni agrada a Dios.
- “Estad siempre preparados”. ¡Claro!, debemos estar listos dando un buen testimonio en nuestras vidas, uno nunca sabe cuando se podría presentar la oportunidad. ¿Recuerda aquella vez que lo agarraron desprevenido? ¿No fue frustrante? ¿O la vez que trato de hablar de Cristo, pero le reprocharon su conducta, forma de hablar o estilo de vida?
- “Para presentar defensa a todo el que os demande razón”. Siempre habrá un incrédulo difícil, un religioso extremo, un escéptico que le pondrá “peros”, o le echará en cara los errores de otras religiones, de Dios (según ellos) o de otros cristianos. No se ponga nervioso, recuerde “abogado tenemos para con el Padre”. Antes de empezar, ponga su caso en manos de ese excelentísimo abogado.
No se detenga, usted ya ha sido testigo de la salvación de Dios. Su vida ha sido cambiada, es algo maravilloso y no puede dejar que otros lo hagan por usted, es su deber, recuerde que Dios nos manda ser valientes y esforzados.
¿Qué debemos decir? (Hechos 16:31)
Muchos cristianos se preguntan, ¿Qué digo? ¿Cómo empiezo? Hecho 16:31 nos aclara muchas cosas. Según este pasaje, el testimonio se divide en 4 partes:
- “Cree” Es una acción instantánea, el hijo de Dios presenta las evidencias, habla de los beneficios de la vida cristiana, de las bendiciones que ha experimentado, “Creer” implica que la persona debe ser convencida, debe razonar y salir de su boca la confesión de fe, no lo empuje, no lo coaccione ni lo intimide.
- “En el Señor Jesús” Ahora, proceda a presentarle a Jesús como su salvador, hablele de él, de la relación íntima que usted tiene con el salvador, de que es coheredero y ha sido llamado su amigo.
- “Serás salvo tú” Expliquele entonces el plan de salvación divino. La urgente necesidad del hombre de reconciliarse con su creador, de su imposibilidad de llegar a Él por sus propios méritos o razonamientos.Hable del sacrificio de Cristo y el regalo de la salvación eterna.
- “Y tu casa” Finalmente, y cuando la persona haya aceptado al Señor en oración, expliquele que ahora hay bendición en su hogar y que alcanza para todos los miembros de su familia. Es ahora su deber ser el portador de esa bendición,ya que ahora es un instrumento escogido por Dios.
El Espíritu Santo lo guiará ahora a testificar, no deje de escuchar su dulce voz hablándole al oído, cada vez que haya oportunidad. No lo deje para después, use ese poder que Él le ha dado en su casa (Jerusalén), su vecindario (Judea), con quienes se opongan a usted (Samaria) y a donde sea (hasta lo último de la tierra).
Es su deber como embajador (2 Cor. 5:20)
Un embajador es el representante de una nación frente a otra o frente al mundo, por lo tanto, usted es un representante no de una religión muerta, sino de un Cristo vivo. Así pues, su trabajo es hacer que los hombres se “reconcilien con Dios”.
NOTA: Los textos base fueron sacados de un estudio llamado “30 pasos hacía el discipulado”
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